
El embutido es un alimento que se encuentra prácticamente en todas las neveras, y forma parte del día a día de mucha gente. Es un alimento esencial para gran parte de la población, ya que forma parte de la dieta mediterránea. Tal es su importancia que en algunos casos es fundamental para los desayunos y/o las meriendas.
Pero ojo, igual que con muchos otros productos, no es tan sencillo como ir al supermercado y coger el primero que encontremos. Debemos de fijarnos bien en la etiqueta, concretamente en la lista de ingredientes, y mirar cuál es el porcentaje de carne.
Según la RAE, un embutido es una tripa rellena de carne picada, principalmente de cerdo, o de otros ingredientes. Ahora bien, solemos utilizar la palabra embutido para referirnos a cualquier derivado cárnico: jamón curado, jamón cocido, pavo…
En España tenemos una gran variedad de embutidos, variando por cada región, tantos que incluso se hizo en 1983 el "Catálogo de embutidos y jamones curados de España".
Los ingredientes principales del embutido son las materias primas, además de los condimentos y especias. La carne variará dependiendo del tipo de embutido, pudiendo proceder de una o varias especies, pero fundamentalmente será cerdo y vacuno.
En algunos embutidos también se utilizan como materias primas sangre y despojos como corazón, pulmones, estómago… De esta forma encontramos morcillas, butifarra, longaniza…
Gran parte de la población tiene a los embutidos como parte fundamental de su alimentación. Hay veces que incluso en consulta me plantean de qué van a hacerse los bocadillos o las tostadas si no es con embutido. Pero realmente, deberíamos de reducir mucho su consumo, ya que no nos hacen bien.
En 2015 la OMS ya advirtió la relación entre el consumo de carne procesada con el riesgo de padecer cáncer colorrectal.
Además, si elegimos embutidos, debemos de decantarnos por opciones con menor cantidad de grasa como el jamón cocido o la pechuga de pavo o pollo.
Teniendo claro que su consumo no debe de ser diario, sí que podemos comerlo de forma habitual. Pero como decíamos, no sirve cualquier embutido.
La mayoría de veces, compramos embutido en el que su porcentaje de carne es de 50% o 65%. Esto no es embutido, es algo de carne con muchas otras cosas, la mayoría azúcares, fécula de patata, aditivos, glutamato monosódico…
¿Cuál es el problema? Que nuestros ojos se van directamente a este tipo de productos por su bajo precio. Porque, como casi todo, la calidad se paga.
Por lo tanto, lo esencial es mirar la lista de ingredientes y que el porcentaje de carne sea de al menos 80%. De esta forma, la cantidad de aditivos será mucho menor que la de otros embutidos o fiambres.
Y cuidado, porque comprar el embutido en la carnicería no es sinónimo de que este sea de calidad. Pueden cortarnos embutido de una carne de baja calidad, por lo que será lo mismo que comprar el blíster del supermercado, pero posiblemente pagando más. En este caso, deberás de preguntar para asegurarte de que te llevas un embutido de calidad.
Resumiendo con todo lo que os acabo de contar, debemos de tener claro que el consumo de embutido no es aconsejado, pero si queremos comerlo de forma ocasional debemos:
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